Una mañana cualquiera de verano

Cada mañana cuando me levanto empiezo a hacer un planning mental del día entero marcando horas para todo, es decir me organizo. Y las que seais mamás como yo y estéis leyendo estas líneas estaréis pensando: ¿y te organizas? Pues no. A ver, salir se consigue salir pero la hora nunca es la que te habías marcado, pero me he dado cuenta que si no te marcas horas para cada punto clave del día salir de casa se convierte en una odisea.
Por ejemplo, ahora en verano parece que todo sea relax, tranquilidad, pero si no marcas horas mal!

Lo ideal: despertar de los niños (de media pongamos las 8:00) preparas bibes (2), el mayor se lo toma solo, el peque no. Acaban, desayuna aquí una servidora. Preparas papillas (2), N le pones a hacer su primera siesta del día. Ducha. Vistes a los niños, preparas bolsa piscina, salís de casa. ¿Qué hora sería? Idealmente las 11:00-11:30.

Lo real: se despierta N (7:15, la verdad no sé cómo lo hace pero CADA día es la misma hora!), se le mete en la cama intentando que duerma un poco más, el día que consigues que tras más de media hora se duerma se despierta Y, y como digo yo: que empiece la fiesta!
Preparas bibes entre llantos porque les has hecho esperar tanto intentando que se duerman un poquito más (inocente yo) que están que parece que se termine el mundo: Bibe Bibe Bibe!!!!! Sin querer ya nos hemos plantado en las 09h. Acaban, distraes al mayor con algún cereal o galleta y pones al pequeño en la trona porque su última diversión es desabrochar la hamaca babybjörn y salir reptando… Cómo?? Es un misterio. Marido prepara desyuno mamá prepara tongada de papillas. Os he de decir que soy usuaria premium de la Baby Cook pero aún teniendo el último modelo en el que cabe más verdura, mis hijos comen tanto que a veces tengo que hacer dos cocciones, o! embutir y apretar bien la comida esperando que la máquina no se abra y me diga “nena, que no ves que no cabe!!”. Papillas a parte, desayunas y decides poner a N a dormir un ratito (son las 10h30) pero bebito no quiere dormir, acaba de aprender a levantarse y meterle en la cuna es la máxima diversión. Haces cama, te arreglas, te peleas con Y porque no para de pedirte más galletas (y “peleas” porque lo mejor de las galletas últimamente es meterlas en cajitas o bolsitas como si fuera un tesoro… Eso o partírselas con la perrita que ya le espera sentada a ver qué cae) mientras N sigue saltando en la cuna y reivindicando su derecho a no dormir. Te giras para ir preparando la bolsa de la piscina y al volver la cabeza el mayor ha estado metiendo cosas como pelotas, pañales, cremas, peine… dentro de la cuna mientras N, riéndose de lo que le iba cayendo cual lluvia de objetos decide meterse en la boquita todo, T-O-D-O. Vale, ya son las 11h30, las papillas no están terminadas y los niños siguen en pijama, así que en un intento desesperado por salir en 30 minutos, me convierto en Teniente O’Neil y empiezo a dar órdenes a desagrado del papá que, con un hilillo de voz, me dice que está de vacaciones y que no hay prisa. Tras unos minutos de tira y afloja conseguimos acabar de terminar papillas: la carne de N al vapor y sin sal y la de Y a la plancha y con una pizquita de sal. Conseguimos arrancar y salir finalmente de casa entre 12h30-12h45 llegando a la piscina con N dormido y Y muerto de hambre.

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5 comentarios en “Una mañana cualquiera de verano

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