El tiempo entre febrículas

Este septiembre Y ha empezado la guarde. Él va encantado y yo también, para qué engañarnos, pero os voy a decir que, aunque ya estábamos avisados, los virus han invandido nuestra casa literalmente, de hecho sus tropas han montado las tiendas de campaña en medio del comedor. Porque a parte de toda la fauna que traen del cole tenemos con nosotros el querido “veroño”, esta palabra mezcla de verano y otoño que se le ha ocurrido a alguien que por supuesto tiene más tiempo que yo, y que nos ha traído unos cambios de tiempo estupendos para todos.
El tema es que los niños no se ponen de acuerdo para estar enfermos o con febrícula (palabra de mamás) ellos lo que hacen es: cuando uno mejora al cabo de dos días empieza el otro y vuelta a empezar, y así llevamos todo OCTUBRE, enterito. Y para ser 2 de noviembre seguimos para bingo. Paseos por la noche, dormir 4 en la cama, no ir al cole, ni al parque… Y se sube por las paredes mientras aquí su madre ya está colgada de una lámpara. Porque si ya de por sí cuando tienes hijos tu tiempo queda reducido a 0 cuando están enfermos eso ya es otra liga. Sí TU tiempo, aquel que se usaba para hacer lo que te apeteciera: leer, comprar con la calma, ver la tv, arreglarte las uñas… O mirar las musarañas, qué más da, la cuestión es que era TUYO. El otro día salía con los dos y por esas cosas que hacemos las mujeres me miré en el espejo del ascensor, Dios!! Me he lavado los dientes? Sí creo que sí… Pero no me he peinado!! Bueno mira moño y arreando… Entonces que me falta?? El desodorante!!! Zasca! Ahí ya te das cuenta que has entrado en modo “mamá desquiciada” y que si me miro mejor en el espejo me doy cuenta que los tejanos que llevo tienen tierra del parque en un lado y galleta pegada en el otro sin mencionar la chaqueta que acabo de verle unas manchas sospechosas que me da que son restos de papilla. Que le vamos a hacer, hay que salir así!

El otro día hablaba con unos amigos sin hijos y me decían que amigos suyos con hijos siempre les contaban que iban agotados que si esto, lo otro, y al final soltaban la coletilla: “Pero compensa”. Para qué os voy a mentir, compensa al 100% sino por qué aguantamos tanto? En el fondo, y ojo ahora lo que voy a decir, las que se quedan en casa, cuidan, juegan, bañan, y tienen esa paciencia de santa que aún no sé de donde ha salido somos las mamás. Esas criaturas también conocidas como Superwoman que de “super” poco tenemos pero aguantamos lo que nos echen: más mocos? venga! Más fiebre? Pa’lante! Una de otitis y otra de conjuntivitis? Ponlo todo! Y así vas sobrellevando tu día a día, con tus ojeras, tu dolor de espalda, de cabeza (después de un día con lloros en plan surround) y lo mejor, pregunta de mi marido “te has tomado una pastilla para el dolor?” Yo “una qué??” No soy ni capaz de acordarme de ir a tomarme algo para mi.
Pero que quede claro, en el fondo compensa. Feliz Domingo 🙂

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Fuente: Pinterest

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